Con la morosidad de las familias en máximos de dos décadas, quienes gestionan carteras empiezan a medir no solo cuánto recuperan, sino cómo contactan y qué registro queda de cada gestión.
Buenos Aires, octubre de 2026. La gestión de cobranzas atraviesa una etapa en la que el monto recuperado ya no alcanza como único indicador. Las empresas necesitan saber qué pasó en cada contacto: qué se informó, qué respondió la persona y cuál es el paso siguiente.
Según el último Informe sobre Bancos del BCRA, la mora de las familias fue de 12,81% en agosto de 2026, casi el doble que un año atrás, frente al 3,80% del crédito a empresas. Fuera de los bancos, estimaciones privadas ubican la irregularidad de las entidades no financieras por encima del 33%.
El marco normativo también es exigente. Las comunicaciones por deudas deben informar quién es el acreedor, quién gestiona el cobro, el monto y su composición. Además, está prohibido contactar a terceros o llamar fuera de los horarios permitidos (Resolución 425/2022, artículos 1° y 4°). La Agencia de Acceso a la Información Pública recordó, a su vez, que la agencia de cobranzas y la empresa que le cede los datos pueden ser responsables ante un incumplimiento (comunicado oficial de la AAIP) .
Agentes de voz que conversan y registran
En este contexto ganan espacio los agentes conversacionales con inteligencia artificial, asistentes de voz que mantienen una conversación natural por teléfono. Entre los desarrollos locales está Oppers, una plataforma argentina con sede en Buenos Aires y Montevideo, que diseñó un módulo específico para cobranzas.
El sistema permite lanzar campañas de cientos de llamadas en simultáneo, concentradas en los horarios en que cada persona suele atender. Antes de llamar, el agente recibe los datos del titular: si quien atiende no valida su identidad, no recibe información sobre la deuda. Una vez validada, el agente informa la situación, indaga los motivos del atraso, toma compromisos de pago, actualiza datos y deriva a un operador humano cuando hace falta negociar.
Cada conversación queda grabada y transcripta. La empresa define de antemano qué información extraer: intención de pago, fecha comprometida, pedido de un plan o datos desactualizados. Esos resultados se exportan o se cargan vía API en el sistema de gestión del cliente.
“Lo valioso es que cada conversación se convierte en un dato estructurado que entra en el sistema del cliente y dispara la acción que corresponde”, explica Nicolás Hoffmann, cofundador y CTO de Oppers.
Antes y después del vencimiento
La misma lógica se aplica a los recordatorios previos al vencimiento, con el objetivo de que el cliente no llegue a ser deudor. El uso varía según quién lo aplique. La empresa acreedora puede atender la mora temprana y reservar a su equipo para las negociaciones. Una agencia de cobranzas puede ampliar su capacidad de contacto y entregar reportes auditables. Un estudio jurídico puede contar con el registro de lo que manifestó cada deudor para decidir qué casos avanzan a la vía judicial.
Automatizar con reglas claras
La inteligencia artificial no elimina la responsabilidad de quien cobra ni de quien encarga la cobranza. El BCRA establece que, cuando un tercero realiza tareas para una entidad, ambas partes mantienen sus obligaciones. Por eso, una operación automatizada necesita reglas sobre identificación, horarios, frecuencia de contacto, contenidos autorizados y derivación a personas. En un agente, esas reglas se configuran una vez y se aplican igual en cada llamada.
“La discusión ya no es cuántos llamados se hacen, sino la calidad de cada gestión. Con motivos de atraso tan distintos, recuperar valor depende de distinguir entre un recordatorio, una negociación y un caso que necesita atención humana”, señala Guillermo Langot, CEO y cofundador de Oppers.
